ALERTA: EN EL “PAÍS DE LIBERTADES”, SE PERSIGUE A LÍDERES Y LIDERESAS SOCIALES

Por Liz Zhingry

En medio de una mal llamada “crisis carcelaria” (ya sabemos que la crisis no es de las cárceles, ni siquiera de sus formas de gestión, sino de la misma estructura que sistemáticamente produce violencia y muerte) Carmen Tiupul, lidereza indígena de Chimborazo (Ecuador), ha sido condenada a dos años de prisión por “paralización de servicios”. La sentencia condenatoria dicta además el pago de 7 SBU y $5,000 por concepto de reparación. Su caso demuestra una vez más que la criminalización de la protesta social y la violencia estructural, se asienta sobretodo en los cuerpos de pueblos y nacionalidades indígenas y afrodescendientes, en los cuerpos de las mujeres, en el cuerpo colectivo de las comunidades precarizadas.

Por esto, esta sentencia no sólo es injusta, sino que funciona como la herramienta pedagógica del despojo, pues la acusación que se realiza contra Carmen Tiupul se da en el marco del estallido social de octubre de 2019, donde todo el Ecuador se movilizó para exigir condiciones de vida dignas y donde además, el movimiento indígena tuvo un papel fundamental. Es así como la persecución a líderes y lideresas indígenas nada tiene de casual: se trata de una criminalización deliberada.

De ahí que la sentencia, signifique además la continuación del racismo estructural e histórico, mismo que vimos operando en octubre de 2019 a través de las fuerzas represivas del Estado colonial y que, sólo en la última década, ha militarizado pueblos y comunidades indígenas, ha dejado en la impunidad asesinatos de defensores del agua y la vida y ha favorecido los intereses de transnacionales petroleras y mineras.

Además, que esto suceda a exactamente dos años del estallido de octubre de 2019, da cuenta de cómo la criminalización de la protesta social se ha convertido en la mejor herramienta de los gobiernos de turno. Mientras tanto, quienes mandaron disparar, amedrentar y vulneraron una serie de derechos hace apenas un año, siguen estando impunes. El Estado no ha hecho nada por investigar o sancionar a quienes violentaron a todo un pueblo y más bien, se ha esforzado sobremanera, en darle continuidad a esa violencia. La sentencia de Carmen Tiupul es el más claro ejemplo de ello.

No se puede hablar de un país de libertades mientras se persigue a lideresas sociales.

¡Libertad para Carmen Tiupul #AmnistíaYa

Elecciones Perú 2021: Entre la polarización y los extremos

Acabó la primera vuelta de las elecciones generales en Perú y los resultados preliminares nos hacen ver un fenómeno que veíamos hace ya mucho tiempo y es que existen dos miradas distintas de como se ve al país muy distintas que con el paso del tiempo se han ido alejando y radicalizando. La victoria de Pedro Castillo un profesor de un escuela rural de la zona de Cajamarca en primera vuelta no hace más que reafirmar la teoría de que el país ha venido creciendo desigualmente y que la pandemia agudizó más esas diferencias entre las grandes ciudades de la costa junto a lima versus el resto del interior del país. Esa desigualdad se ha manifestado en la ausencia del Estado en brindar los servicios mínimos necesarios para el desarrollo de pueblos y comunidades, debemos recalcar aquí que esto no es reciente, esta desigualdad viene agudizándose hace más de 30 años. Mientras las grandes zonas metropolitanas de la costa veían un progreso falaz con grandes malls, las zonas altoandinas y de la selva vivían en la miseria.

Entonces ese voto protesta ha venido subiendo a medida que la desigualdad se fue agudizando y  fue capitalizado en su momento por Humala el 2006 y 2011, luego por Veronika Mendoza el 2016 y ahora en esta crisis en pleno pico de la segunda ola de la pandemia del COVID-19 por Pedro Castillo.

También podemos destacar que dentro de la plataforma electoral de Castillo podemos ver una política de izquierda conservadora en lo social en contra del acceso a derecho a las minorías y a los movimientos feministas y una dura crítica a todo el establishment político incluyendo a sus potenciales aliados para las segunda vuelta (como Veronika Mendoza).

La sorpresa —si es que se le puede decir así—respecto a los resultados solo fue en Lima y en las grandes ciudades de la costa, en el resto del país la cosa estaba clara se debía cerrar filas por Castillo convencidos de que su plataforma de izquierda radical revierta la situación de desigualdad y pobreza y que los candidatos del espectro de la derecha no vieron nunca venir el tsunami Castillo, preocupados estaban más bien por Veronika Mendoza y cuando lograron reaccionar, solo fue para ver que Castillo pasaba a segunda vuelta. La lección que le queda a la derecha peruana es que buscó cerrarle el paso a la centro izquierda o izquierda progresista de Mendoza y le dejaron la cancha libre a Castillo y ahora han despertados todos sus peores miedos.

Tampoco es justo satanizar, ni estigmatizar al votante de Castillo. Ese voto protesta es algo que muchos en Lima nunca quisieron ver o buscaron minimizar. Del otro lado en Lima la que ahora acusa de ignorancia a la zona sur del país al momento de votar no mira cómo es que le han dado apoyo a la extrema derecha, otro fenómeno que apareció con fuerza esta elección en la figura de Rafael López Aliaga y que por poco no ha pasado a segunda vuelta.

Del otro lado tampoco no sorprende el pase de Keiko Fujimori a segunda vuelta, pese a que tuvo una mala campaña, le basto recobrar su voto duro en el norte y oriente del país para pasar. Ha perdido apoyo respecto a su abrumadora votación de la primera vuelta de hace 5 años. Es más otro fenómeno que afecto la candidatura de Fujimori fue la fragmentación del voto en la derecha e inclusive López Aliaga ha querido desfujimorizar esto hablando de la dictadura fujimorista.

A nivel congresal tendremos un Congreso más fragmentando que el actual que estaría formado por entre 12 a 9 bancadas, y con bloques claramente definidos tanto en la derecha como en la izquierda, cosa que haría difícil nuevamente la gobernabilidad.

Los otros grandes perdedores han sido los partidos de centro que han desaparecido y han dejado paso a los partidos más a los extremos.

Ahora en este escenario quedan algunas cosas por ver:

1.- Keiko Fujimori no la tiene fácil, es su escenario más favorable, pero no tiene que confiarse. Su antivoto es altísimo aún.

2.- ¿Castillo moderará su discurso como lo hizo Humala el 2011? Queda ver como el antifujimorismo se acomoda, mucha gente no se decide por Castillo de primer momento por su agenda conservadora.

3.- Si gana Castillo no podrá impulsar gran parte de su plan de gobierno por un congreso fragmentado donde si bien la bancada sería la más grande por sí sola deberá buscar consensos para sacar sus propuestas adelante.

3.- ¿Qué partidos se alinearan con uno y otro candidato?

En conclusión muchas de estas cosas se aclararán en próximos días.

Emergencia en el manso

Por Astrid Torres1 y Ana María Crespo2


Foto Tito Hidalgo

No recuerdo el día exacto en que perdí la esperanza, y la desolación invadía mi cuerpo. Abría los ojos, respiraba el encierro, escuchaba promesas falsas del gobierno mientras mis amigas y amigos enfermaban. Voces saliendo desde dispositivos me acompañaron todo el encierro, voces que escaparon del cerco mediático a través de las redes sociales, y denunciaban el abandono, voces que deambulaban entre cuerpos en las calles. El miedo me abrazaba. 

Una tarde, mi amigo Daniel me llamó para decirme que tenía síntomas, pero que  seguro solo era asma. Esto será recordado como Las cruces sobre el agua me dijo, nuestros cuerpos pudriéndose inspirarán resistencia, o quizás un spot del municipio nos convenza de que esto ha sido un sueño y debemos celebrar a Guayaquil independiente y el nuevo año. 

Leo a Gallegos Lara y encuentro  en su novela una frase que  habla de forma premonitoria sobre la ciudad en estos días de cuarentena: “Días largos, los cadáveres zumbantes de moscas se pudrían bajo soles malditos, en las calles abandonadas”. Esta vez, el enemigo ha sido invisible y los cuerpos de los fallecidos estuvieron a punto de correr la misma suerte que los cientos de obreros asesinados ese 15 de noviembre de 1922. El manso Guayas borró con sus aguas las huellas de la masacre. Pero para una ciudad que ha estado siempre asolada por las plagas, los incendios y la violencia de las autoridades de turno, en pleno siglo XXI, recurrir a una fosa común era volver a los tiempos de oscuridad.  O al menos, nosotras nos creímos el cuento de que esos tiempos eran pasados, mas los cadáveres sobre las veredas con carteles que decían: “Hemos llamado al 911 y no hay ayuda”, los cadáveres desaparecidos y los ataúdes de cartón son una muestra del desamparo de esos días que aún vive en mí, en nosotras.

No tenemos un Guayaquil independiente, sino una ciudad cooptada por las élites, la historia de la miseria. Una ciudad de las desigualdades donde la justicia social ha sido secuestrada desde 1984 cuando, el populista conservador, Abdalá Bucaram Ortiz fue designado como alcalde. El 10 de agosto de 1992, el socialcristiano León Febres-Cordero asume la alcaldía de la urbe, veinte y ocho años de “un modelo exitoso” que solo ha acentuado la lógica de los centros y periferias. Más allá de este modelo está el olvido.  En estas casi tres décadas de gobierno socialcristiano se ha pretendido implementar una estética del consumo, grandes negocios intentan arrebatarnos nuestra identidad, y ocultar la falta de servicios básicos en los barrios periféricos. Guayaquil es una ciudad del control, un panóptico, así nos sentimos luego de saber que cámaras de videovigilancia siguen nuestros pasos y voces desde altoparlantes nos recuerdan que debemos usar mascarillas en la calle y mantener la distancia. El gran hermano está aquí y observa pasivo la violencia impuesta por años. Pero nos repiten: tranquilas, la falta de empleo se soluciona con un ejército de municipales y toletes.  

Cuerpos cayendo, el hambre invadiendo las casas, conglomerados de personas luchando por una mascarilla, la sordidez de las calles se exacerbó.  El apocalipsis del COVID-19  mostró al Guayaquil que lleva décadas sin oxígeno por la pandemia neoliberal. El discurso oficial  glorifica la miseria con monumentos. La alcaldesa  no representa a las mujeres, ni a nadie, como la escultura de “Raíces de luz eterna”, una apología de la devastación. 

Habitar el Guayaquil pandémico es una  sentencia sin juicio. En esta historia sobre el supuesto progreso, la gente pobre solo puede reunirse en metrovías hacinadas porque el manso tiene aerovías que salen en revistas, pero no un servicio digno de transporte. Nos quitaron el miedo, nos aventaron a la muerte, nos dijeron que todo estaría bien, pero algo ya estaba inerte en nuestros cuerpos desde hace años y nos hace inmunes al silencio.

Sentí asco cuando escuchaba a Nebot, mi ceño se contrajo y mi mirada estaba fija en la pantalla.  En ese instante mi sobrina pequeña me preguntó el porqué de mi malestar. ¿Cómo explicarle? Que las propagandas gubernamentales nos repetían a diario: “Quédate en casa”, pero cómo podemos guardar la calma cuando un 23, 4 % de la población no cuenta con un empleo formal y debe hacer malabares para comer. Y qué decir de aquel 6,6 % en el desempleo, ¿cómo se hace para no sucumbir ante la desesperación? El “Quédate en casa” fue para los más vulnerables una forma de exterminio silencioso, cómo se puede disfrutar ese tiempo en familia, en una casa diminuta sin servicios básicos, sin alimentos y sin medicinas. 

Que la cuarentena ha sido también un escenario que incrementó la carga de trabajos del cuidado sobre las mujeres y ha sabido ocultar las agresiones contra nuestros cuerpos: las denuncias de violencia tuvieron un pico, los feminicidios y transfeminicidios continúan siendo perpetrados, 101 mujeres han sido asesinadas en el Ecuador en el tiempo de pandemia. Nuestros derechos sexuales y reproductivos también fueron puestos en cuarentena.

Cómo decirle que la imposibilidad de obtener ayuda en los hospitales públicos colapsados significó para las y los guayaquileños sin recursos económicos, aguardar la muerte en casa. Pero la muerte tampoco acabó con esta tragedia, los cuerpos empezaron a aparecer en las calles y su espera por una sepultura digna se dilató días. Y a pesar de todo, ese también resultó ser un final afortunado para muchas familias porque también pudieron ser de los casos que aún no hallan el cuerpo de sus familiares para darles el descanso eterno. 

Que si el Estado no nos cuida, debemos cuidarnos nosotras, nosotros y nosotres, por eso en medio del caos hemos encontrado la forma de sostenernos en comunidad. Ni el plan de aniquilación del espacio público, ni todo el daño provocado al tejido social han logrado romper los lazos de solidaridad que han salvado a muchas familias del hambre  y del dolor de saberse abandonados por el sistema.  Solo la prensa y su discurso protector de las élites es la única en creer la historia de Guayaquil como un modelo de lucha contra el virus. 

Guardé silencio.

A mi sobrina le respondí que no hay nada que celebrar, debemos preservar  una memoria colectiva, por nuestras familias, por la tía fallecida de su amiga.

A mí me dije: nos dejaron solas y eso no lo podemos olvidar. El COVID-19  no distinguía entre pobres o ricos, pero el acceso a una cama y espacios seguros sí era/es un privilegio de clase. En medio la crisis por el mal manejo de recursos, están destruyendo la educación superior con recortes que nos desestabilizan y precarizan, más de 70 días tuvieron que esperar docentes y administrativos de la UArtes para recibir sus sueldos. Mientras tanto, declaran adoctrinado a nuestro arte y nosotros continuamos luchando por la autonomía. (Las élites de Guayaquil le temen al arte porque hace temblar al tirano, las artes son memoria.)

Octubre llegó, los discursos evidenciaron que la alcaldía sigue respondiendo a Nebot, el patriarca salvador. Hablar de federalismo y justicia social desde una  figura que ha consolidado las brechas de desigualdad no es solo contradictorio, sino burlesco. Si Ecuador Federal será como Guayaquil libre e independiente, entonces seremos el país de los spots publicitarios, de las grandes ruedas moscovitas y de Safari Parks, donde los grupos históricamente vulnerados se pierdan entre motivantes videos, entre “Lo mejor de Guayaquil eres tú”. Seremos un lugar en el cual se institucionaliza el arte en grandes centros de consumo, donde la violencia es bienvenida, y la muerte indigna  se justifica  con nuevos nacimientos para producir el capital.  Pero claro que octubre vive, vive, por el paro nacional del 2019.

Mientras mi sobrina se va,  la ventana de mi casa enmarca los techos de zinc del barrio con casas viejas, el sol arde, el manso también arde de rabia e indignación. ¿Qué nos queda para enfrentar esta nueva normalidad?   Los recuerdos que habitan los cuerpos y hacen un llamado a la acción desde distintas trincheras. Soy una artista, mi cuerpo tambalea y me atrevo a decir que nos queda la resistencia, nuestra memoria vive y debe vivir en cada texto, podcast y expresión artística para dar cuenta de esas otras voces. El relato no oficial debe transfigurar la falsa normalidad edulcorada con espectáculos tecnológicos del Guayaquil del progreso que no mira hacia un porvenir juntas, juntos, juntes. El fuego de fin de año será el espacio para recordar que deberemos enfrentar el 2021 como uno de los años más complejos y decisivos para el país, un año de resistencia, de cuidados, reflexiones y acciones.


1Astrid Coraima Torres Bermúdez 

Guayaquileña. Estudiante de la carrera de Cine de la Universidad de las Artes. Comunicadora social, feminista y militante de izquierda. Experiencia en incidencia política en favor de los Derechos Sexuales y Reproductivos, comunicación con enfoque de paz, edu-comunicación y producción multimedia de narrativas para una sociedad pacífica y libre de violencia. Miembro de la Colectiva Mujeres en Acción- CAM y de La Causa. Co-fundadora de Jóvenes Iberoamericanos y actual coordinadora del colectivo comunicacional Efecto Latam. Desde la comunicación y el cine sus líneas de investigación son la desigualdad, la memoria, la violencia simbólica, las representaciones de la mujer en la imagen y capitalismo informacional.

2Ana María Crespo 

Guayaquileña. Estudiante de la Escuela de Literatura. Miembro del colectivo literario Merries. Ha sido publicada en la antología de cuentos Tela de araña (2017) y Viñetas portuarias (2019) antología de haikus. Editora en Preliminar, cuadernos de trabajo del ILIA.